El río Gállego ha sido históricamente mucho más que un cauce de agua en el Alto Gállego: ha marcado límites, ha condicionado desplazamientos y ha definido la relación entre los pueblos de sus dos orillas. En el entorno de Escarrilla, donde el valle se encajona y el río discurre con fuerza, cruzarlo ha supuesto siempre un reto. Hoy, la recuperación de antiguos caminos tradicionales vuelve a hacer posible ese paso. Devolviendo al territorio recorridos que habían caído en el olvido y abriendo nuevas posibilidades tanto para el senderismo como para la comprensión del paisaje y su historia.
En la actualidad, se han recuperado dos trazados principales que permiten salvar el Gállego en este entorno: el vado tradicional situado junto a la desembocadura del río Escarra y el conocido Puente del Diablo (Puen dero Diaple, en aragonés tensino). A ellos se suma el acceso de Aguarales, que, sin cruzar el río, desempeña un papel clave en el uso deportivo y recreativo del entorno.
El vado del Gállego: un paso ancestral entre orillas
El primero de estos pasos es el vado del río Gállego situado justo antes de la desembocadura del río Escarra. Se trata de un lugar utilizado desde muy antiguo para comunicar ambas márgenes del valle, cuando no existían infraestructuras estables y el conocimiento del terreno permitía elegir los puntos más favorables para cruzar el río.
El acceso a este vado puede realizarse por dos caminos tradicionales. Por un lado, el camino de Zagaraliana, que parte desde la conocida Vuelta del Sombrero; por otro, el camino de Zagarnal, que arranca directamente desde el casco urbano de Escarrilla. Ambos itinerarios conducen hasta el cauce del Gállego y, en los dos casos, es necesario vadear el río.
Conviene destacar que, en condiciones normales de caudal, el cruce es sencillo: no suele ser necesario ni siquiera descalzarse, lo que da una idea de que este punto fue elegido con criterio y conocimiento del medio.
La recuperación de estos caminos no solo permite hoy en día un paso cómodo, sino que rescata una forma tradicional de moverse por el territorio, ligada a la vida cotidiana, al pastoreo y a las relaciones entre pueblos vecinos.
El Puente del Diablo: un camino tradicional exigente
El segundo de los pasos recuperados es el Puente del Diablo, conocido en aragonés tensino como Puen dero Diaple. A diferencia del vado, este trazado discurre por un entorno más abrupto y espectacular, y aunque se trata igualmente de un camino tradicional, no es apto para cualquier senderista.
El recorrido presenta tramos expuestos en los que es imprescindible avanzar con seguridad y experiencia en terreno de montaña. En varios puntos es obligatorio agarrarse a cuerdas fijas instaladas para facilitar el paso, lo que convierte este itinerario en una opción reservada a personas preparadas, con buen equilibrio y sin vértigo. No es, por tanto, un camino adecuado para realizar con niños ni con perros.
Más allá de su exigencia, el Puente del Diablo constituye un magnífico ejemplo de cómo las generaciones anteriores supieron abrir paso en lugares difíciles para mantener la conexión entre las dos orillas del Gállego, hoy ocupadas por núcleos tan relevantes como Lanuza y Panticosa, en la margen izquierda, y Escarrilla, en la margen derecha.
Aguareles: acceso al río y a la Garganta de Escarrilla
Junto a estos dos pasos, merece mención el acceso de Aguareles, que permite llegar cómodamente al río Gállego, aunque sin posibilidad de cruzarlo. Este acceso es especialmente utilizado por barranquistas, ya que constituye la entrada más cómoda y estética para realizar el descenso de la popular Garganta de Escarrilla.
Aguareles no cumple una función de conexión entre orillas, pero sí refuerza el valor recreativo y deportivo del entorno, integrándose en el conjunto de caminos recuperados que facilitan una relación más directa y respetuosa con el río.

Volver a unir las dos orillas
La importancia de estos caminos va más allá del interés deportivo. El río Gállego sigue siendo hoy en día una barrera natural significativa para desplazarse entre Escarrilla, en la margen derecha, y Lanuza o Panticosa, en la margen izquierda. La restauración de estos pasos tradicionales devuelve al territorio una conectividad perdida y permite redescubrir recorridos que forman parte de la memoria colectiva del valle.
Para senderistas experimentados, la combinación del vado del Gállego y el Puente del Diablo permite realizar una atractiva ruta circular, uniendo ambos trazados y ofreciendo una visión completa del paisaje, el río y su historia. Itinerarios como el descrito en Wikiloc dan buena muestra de las posibilidades que se abren tras esta recuperación. https://loc.wiki/t/240673857?h=bpbaod2xzx&wa=sd&la=es
En definitiva, estos caminos no solo invitan a caminar: invitan a entender el territorio, a leer el paisaje y a reconocer la huella de quienes, durante siglos, buscaron la manera de cruzar el Gállego y mantener vivos los lazos entre ambas orillas.
Autor: Alex Puyo
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